lunes, 18 de mayo de 2026

 

REANIMANDO EL EXPERIMENTO CUBANO

¿Por qué el jefe de la CIA y no un diplomático de carrera o un representante especial fue enviado a la Habana?

 

Por Charles H. Slim

Este año parece ser un hito para muchas situaciones geopolíticas que se habían extendido por años y otras por décadas. En algunas ha significado el fin y para otras el nacimiento de nuevas situaciones que en uno u otro sentido, afectan para bien o para mal a los intereses de Washington dc. La revolución cubana es una de estas situaciones y no precisamente como la masa de cándidos lo han estado creyendo durante décadas.

En lo superficial la Habana desde el ascenso de Fidel Castro, fue un esmerado y entusiasta estado antiimperialista. En ese sentido y como muestra de la épica revolucionaria que necesito de aliarse con la extinta URSS veíamos a un Fidel siempre con su uniforme verde y fumando sus habanos daba sus interminables discursos a las multitudes embelesadas. Incluso la sangre cubana pudo finalmente ser derramada contra el “enemigo yanqui” en la oprobiosa noche del 3 de enero pasado cuando 32 de sus hombres fueron asesinados tras la incursión de los Delta Force en Caracas.

Pero detrás de todo este folklore revolucionario estuvo siempre la realidad y que el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa confirman ¿Cuál? La de ser una mera escenografía de cartón.

Para los EEUU y en especial para sus fuerzas armadas, la idea de tomar la isla de Cuba por la fuerza sería una operación tan rápida y cruenta como las cometidas contra Granada en 1983 o la invasión a Panamá en 1989. Incluso es seguro que la CIA debe tener al menos tres planes muy bien elaborados para lograr la caída del gobierno cubano sin necesidad de mover un dedo. Pero al parecer no hay ese interés, además ¿Para qué te desharás de algo si al final de cuentas puede continuar sirviéndote?

Durante décadas (en especial durante los 60s y 70s) la CIA alimento el odio contra Fidel Castro y financió grupos contra revolucionarios para utilizarlos tanto para acciones violentas como para generar prensa anti castrista para emplearlos como activos en la guerra psicológica y de propaganda hemisférica que al mismo tiempo retroalimentaba el odio de los partidarios marxistas y las guerrillas proxys en Centroamérica y Sudamérica. Todo esto implicaba movimiento de fondos de dinero provenientes de toda clase de operaciones ilícitas.

La revolución cubana y mucho más desde que (y por una clara necesidad de subsistencia) se puso bajo la egida de la entonces Unión Soviética, fue funcional para el juego geopolítico en la entonces bipolaridad y al culminar aquella circunstancia (en 1991) quedo como un resabio anacrónico, estratégicamente irrelevante y sin sentido para ser tenido en cuenta por Washington bajo su tan proclamada seguridad nacional. Pero la relevancia pasa por otro lado. La funcionalidad era y seguirá siéndolo para establecimiento en Washington, sus políticos prebendarios (demócratas, republicanos y los MAGA de hoy) y todos los contratistas en defensa y seguridad que los rodean que hacen de la existencia de la “amenaza cubana” un negocio que ya tiene cinco décadas.

Poniendo en contexto esto y aunque no quieran entenderlo, la desarticulación de la Revolución Bolivariana (tras el arreglado secuestro de Maduro) terminó por cortarle el vital suministro de petróleo que el presidente Hugo César Chávez puso a disposición de la isla. 

Teniendo en cuenta este panorama no es de extrañar que la semana pasada el Director de la CIA John Ratcliffe llegara a la Habana para negociar con los funcionarios cubanos. La pregunta es ¿Negociar qué?  

La crisis energética a la que se ve sometida la isla no solo es una cuestión carencias materiales y recursos tecnológicos para sostener la vetusta infraestructura eléctrica o incluso, de actos de sabotaje internos. Ciertamente ello es un factor importante de la cuestión, pero con la ayuda de la administración de Donald Trump y por impulso del fanático Secretario de Estado Marco Rubio para estrangular el abastecimiento de Diesel y petróleo (últimamente donado por Rusia), las cosas han empeorado al punto que han llevado a la presente situación insostenible que busca crear la intolerancia de la población contra las autoridades.

En realidad, el bloqueo a Cuba siempre ha sido como la sonda intravenosa a un paciente moribundo oculta bajo una sábana para mantener viva a una revolución que no amenaza a nadie y mucho menos a EEUU pero que justifica partidas presupuestarias. La única vez que pudo haber sido una real amenaza de esas características fue en 1962 si los misiles soviéticos R-14 hubieran llegado a la isla. La gran motivación para mantener todo esto es, el justificativo que le proporciona a todos los negocios que se sostienen en torno a mantener un fósil comunista como si aún fuera una amenaza estratégica.

Si la administración Trump habría querido negociar una solución justa y destinada a favorecer los intereses del pueblo cubano habría comisionado a un grupo diplomático o un representante con credenciales de verificada imparcialidad. Por el contrario, envía al responsable de los juegos sucios de Washington para negociar no una salida o “cambio de régimen” (como cacarean los medios) sino, un cambio de reglas o la reelaboración del libreto para -manteniendo las formas- cambiarlo todo sin cambiar nada. Sería una charada similar a la Venezuela solo que sin intervención militar.

Aquí Washington apelando a la misma táctica extorsiva criminal e inhumana que utiliza Israel para matar de hambre y enfermedades a los palestinos en Gaza, busca de los personeros cubanos concesiones bajo la mesa en la que Donald Trump tome literalmente el control político de la isla sin que en apariencias eso se advierta ante la opinión pública. Si alguien cree que eso no puede ser posible ¿Qué cree que sucede en Venezuela después del 3 de enero con Delcy Rodríguez y el actual gobierno en Caracas?

 

 

 

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