REANIMANDO EL
EXPERIMENTO CUBANO
¿Por qué el jefe
de la CIA y no un diplomático de carrera o un representante especial fue enviado
a la Habana?
Por Charles H. Slim
Este año parece ser un hito para muchas situaciones geopolíticas que se habían extendido por años y otras por décadas. En algunas ha significado el fin y para otras el nacimiento de nuevas situaciones que en uno u otro sentido, afectan para bien o para mal a los intereses de Washington dc. La revolución cubana es una de estas situaciones y no precisamente como la masa de cándidos lo han estado creyendo durante décadas.
En lo superficial
la Habana desde el ascenso de Fidel Castro, fue un esmerado y entusiasta estado
antiimperialista. En ese sentido y como muestra de la épica revolucionaria que
necesito de aliarse con la extinta URSS veíamos a un Fidel siempre con su
uniforme verde y fumando sus habanos daba sus interminables discursos a las
multitudes embelesadas. Incluso la sangre cubana pudo finalmente ser derramada
contra el “enemigo yanqui” en la oprobiosa noche del 3 de enero pasado cuando 32
de sus hombres fueron asesinados tras la incursión de los Delta Force en
Caracas.
Pero detrás de
todo este folklore revolucionario estuvo siempre la realidad y que el secuestro
del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa confirman ¿Cuál? La de ser una
mera escenografía de cartón.
Para los EEUU y en
especial para sus fuerzas armadas, la idea de tomar la isla de Cuba por la
fuerza sería una operación tan rápida y cruenta como las cometidas contra
Granada en 1983 o la invasión a Panamá en 1989. Incluso es seguro que la CIA
debe tener al menos tres planes muy bien elaborados para lograr la caída del
gobierno cubano sin necesidad de mover un dedo. Pero al parecer no hay ese
interés, además ¿Para qué te desharás de algo si al final de cuentas puede continuar
sirviéndote?
Durante décadas (en
especial durante los 60s y 70s) la CIA alimento el odio contra Fidel Castro y financió
grupos contra revolucionarios para utilizarlos tanto para acciones violentas
como para generar prensa anti castrista para emplearlos como activos en la
guerra psicológica y de propaganda hemisférica que al mismo tiempo
retroalimentaba el odio de los partidarios marxistas y las guerrillas proxys en
Centroamérica y Sudamérica. Todo esto implicaba movimiento de fondos de dinero
provenientes de toda clase de operaciones ilícitas.
La revolución
cubana y mucho más desde que (y por una clara necesidad de subsistencia) se puso
bajo la egida de la entonces Unión Soviética, fue funcional para el juego
geopolítico en la entonces bipolaridad y al culminar aquella circunstancia (en
1991) quedo como un resabio anacrónico, estratégicamente irrelevante y sin
sentido para ser tenido en cuenta por Washington bajo su tan proclamada
seguridad nacional. Pero la relevancia pasa por otro lado. La funcionalidad era
y seguirá siéndolo para establecimiento en Washington, sus políticos
prebendarios (demócratas, republicanos y los MAGA de hoy) y todos los
contratistas en defensa y seguridad que los rodean que hacen de la existencia
de la “amenaza cubana” un negocio que ya tiene cinco décadas.
Poniendo en
contexto esto y aunque no quieran entenderlo, la desarticulación de la Revolución
Bolivariana (tras el arreglado secuestro de Maduro) terminó por cortarle el
vital suministro de petróleo que el presidente Hugo César Chávez puso a
disposición de la isla.
Teniendo en cuenta
este panorama no es de extrañar que la semana pasada el Director de la CIA John
Ratcliffe llegara a la Habana para negociar con los funcionarios cubanos. La
pregunta es ¿Negociar qué?
La crisis
energética a la que se ve sometida la isla no solo es una cuestión carencias
materiales y recursos tecnológicos para sostener la vetusta infraestructura
eléctrica o incluso, de actos de sabotaje internos. Ciertamente ello es un
factor importante de la cuestión, pero con la ayuda de la administración de
Donald Trump y por impulso del fanático Secretario de Estado Marco Rubio para estrangular
el abastecimiento de Diesel y petróleo (últimamente donado por Rusia), las
cosas han empeorado al punto que han llevado a la presente situación
insostenible que busca crear la intolerancia de la población contra las
autoridades.
En realidad, el
bloqueo a Cuba siempre ha sido como la sonda intravenosa a un paciente
moribundo oculta bajo una sábana para mantener viva a una revolución que no
amenaza a nadie y mucho menos a EEUU pero que justifica partidas
presupuestarias. La única vez que pudo haber sido una real amenaza de esas
características fue en 1962 si los misiles soviéticos R-14 hubieran llegado a
la isla. La gran motivación para mantener todo esto es, el justificativo que le
proporciona a todos los negocios que se sostienen en torno a mantener un fósil
comunista como si aún fuera una amenaza estratégica.
Si la
administración Trump habría querido negociar una solución justa y destinada a
favorecer los intereses del pueblo cubano habría comisionado a un grupo
diplomático o un representante con credenciales de verificada imparcialidad.
Por el contrario, envía al responsable de los juegos sucios de Washington para
negociar no una salida o “cambio de régimen” (como cacarean los medios) sino,
un cambio de reglas o la reelaboración del libreto para -manteniendo las
formas- cambiarlo todo sin cambiar nada. Sería una charada similar a la
Venezuela solo que sin intervención militar.
Aquí Washington
apelando a la misma táctica extorsiva criminal e inhumana que utiliza Israel
para matar de hambre y enfermedades a los palestinos en Gaza, busca de los
personeros cubanos concesiones bajo la mesa en la que Donald Trump tome
literalmente el control político de la isla sin que en apariencias eso se
advierta ante la opinión pública. Si alguien cree que eso no puede ser posible
¿Qué cree que sucede en Venezuela después del 3 de enero con Delcy Rodríguez y
el actual gobierno en Caracas?

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