EL POSTULANTE
GROSSI
¿Por qué la
candidatura al puesto de Secretario General de la ONU del actual director de la
AIEA es una estafa?
Por Javier B. Dal
Somos testigos
privilegiados de un caos global que se ha creado por el abuso constante del
poder angloestadounidense y de la impunidad que les ha prestado a sus satélites
estratégicos como son el estado de Israel en Asia occidental y la actual
Ucrania neonazi en Eurasia. En ese menester las últimas administraciones
norteamericanas se han llevado por delante la seguridad y la paz con las
consiguientes calamidades que ello trae. En realidad, no es algo nuevo. La
crisis que hoy se está registrando a nivel global, proviene del atropello continuo
y descarado a la Carta y resoluciones de Naciones Unidas y ello tiene un
extenso catálogo de precedentes que muchas veces no parece considerarse.
Hoy como nunca,
incluso mucho más que en la era de la “guerra fría”, el peligro de una escalada
nuclear se halla más presente que nunca. Al menos en aquellas épocas existía un
Status Quo basado en el terror nuclear estaba limitado entre dos superpotencias
y no como actualmente, disperso entre varios actores con potencialidad nuclear
para su uso en ciernes. Esta última se potencia aún más por la excepción que se
hace con algunos para no ser escrutados en cuanto a su potencial.
Si ha crecido la
proliferación del armamento nuclear ello se debe a ese constante atropello por
parte de EEUU y sus aliados a las soberanías de los estados que no se quieren
sujetar a sus caprichos geopolíticos. Así Iraq, Siria, Libia y Venezuela son
los ejemplos más crudos y gráficos de aquello. Claro que el mundo se volvió más
inseguro y no por la aparición repentina de farsas como Al Qaeda, ISIS. Jabbat
Al Nusra y otros espantajos que ya sabemos fueron creados por ellos mismos.
La AIEA o Agencia
Internacional de Energía Atómica es la encargada de velar por la seguridad en
el uso y desarrollo en este campo que similar a Naciones Unidas, viene cosechando
una credibilidad bastante magullada por ciertos manejos y desmanejos de situaciones
que se entremezclan con intereses geopolíticos de ciertos actores y que se han
expuesto a la luz pública.
Durante la funesta
era de la administración republicana de George H. Bush el trabajo de esta
agencia fue cuando menos lamentable y lejos de aplicar una política aséptica de
control en el desarrollo de todos los programas nucleares existentes, tomo
parte y muy clara en las políticas de La Casa Blanca para desmantelar cualquier
iniciativa de desarrollo nuclear que hiciera sombra a Israel. En ese plan fue
que tras la guerra contra Iraq en 1991, desmantelo el programa nuclear que los
iraquíes venían desarrollando desde la década de los ochentas.
Contemporáneamente
a eso, Israel en sus instalaciones nucleares secretas de Dimona ubicadas en el
desierto del Negev, los científicos e ingenieros israelíes continuaba (como
siguen haciéndolo al presente) desarrollando ojivas militares y otros
dispositivos con la misma finalidad sin que la AIEA hubiera movido un dedo para
inspeccionar la situación ¿Por qué? Porque así bajaba desde Washington como
línea política.
Esa
excepcionalidad con el caso israelí no ha cambiado y en las actuales
circunstancias eso se presenta muy preocupante. Los recambios de autoridades en
la agencia atómica no han significado un recambio en sus políticas. Desde hace
unos años bajo la dirección el argentino Rafael Grossi la AIEA ha dejado mucho
que desear, en el aspecto operativo de sus funciones dado que, y como los
objetivos de la agencia a la que dirige lo exige, debería obrar con imparcialidad
y sin sesgos que pongan en dudas su función. Al decir esto ya se advierte que
en el caso de Grossi esa no ha sido la regla.
Durante el año
pasado los indicios de que la ilegal y afuncional cooperación de Grossi con los
planes geopolíticos de EEUU e Israel quedó muy claro con sus falsas
afirmaciones sobre los peligros del programa nuclear iraní sustanciado sobre
viejos informes de la inteligencia israelí (2018) volcados en un informe hecho
a la medida para justificar la primera agresión en la madrugada del 13 de junio
del 2025. Tan alevosa fue la maniobra que para cuando se exponía las
conclusiones de Grossi, los aviones israelíes ya estaban atacando Teherán.
Estaba más que
claro que Grossi no se prestaba a esto por simple simpatía ideológica o una
remuneración dineraria. Con la mentalidad de esos burócratas que gustan de
lucir trajes caros y salir en las tapas de los medios más influyentes de occidente,
parecía suficiente y sin dudas que el ofrecimiento de su candidatura a la
secretaría de la ONU es parte de esa recompensa para un burócrata como él,
después de todo, seguiría siendo muy útil para los intereses de Washington y
especialmente de Tel Aviv.
Actualmente el
señor Grossi es presentado como el candidato favorito para el puesto y como
suele suceder con argentinos que trascienden sus fronteras, es sobrevalorado en
sus reales capacidades de función. De los medios ni hablemos que ya sabemos,
solo son una caja de resonancia de la corporación de medios
angloestadounidense. En esto poco importa que Juan Gabriel Tokatlian, académico
de la Universidad Torcuato di Tella en Buenos Aires haya expresado que “Su
experiencia abarca temas de guerra y seguridad” sin especificar el resultado
final de su experiencia en el campo de la realidad. Tampoco que medios como
Foreign Policy y otros tanques de pensamiento dediquen artículos para resaltar
su figura. Mucho menos puede valorarse la venia del propio Javier Milei quien
además de apoyar a Grossi por su condescendiente apoyo anti iraní (nacido de su
islamofobia y su militancia sionista), responde política e ideológicamente a
los mismos amos que desde Washington y Tel Aviv le apoyan en su candidatura.
En conclusión, el
argentino Rafael Grossi que descaradamente ha servido como un activo para
favorecer los intereses geopolíticos israelíes usando su posición en la AIEA
podría ser el nuevo secretario general de una ONU que ya está muy degradada en
su credibilidad. No hay duda que si este personaje argentino, tan grotesco como
su presidente logra el cargo de secretario general, la poca credibilidad de
Naciones Unidas simplemente se hará humo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario