domingo, 18 de diciembre de 2016

VETERANOS DE AYER




“LA PROFECIA DE SADDAM”

Hace diez años un Saddam Hussein tras ser capturado y resignado a  ser sacrificado por los ocupantes, les advirtió que igualmente fracasarían




Por Charles H. Smith y Ali Al Najafi
Todos quienes colaboraron para destruir a Iraq, quisieran poder volver las cosas atrás e incluso, no haber escuchado los argumentos mentirosos que la administración del entonces presidente George H. Bush en 1990 desparramo por el mundo y mucho menos a los que su hijo, George W. Bush utilizo trece años después para darle el tiro de gracia a la entonces potencia regional árabe del Medio Oriente. Varios de los personeros que impulsaron y apoyaron las campañas contra Iraq, buscan olvidar lo que ocurrió e incluso muchos otros –especialmente los funcionarios intermedios- necesitan de por vida tratamiento psicológico y drogas para lidiar con tan pesada carga en sus conciencias. Incluso muchos de los militares que participaron en aquellas dos fases de la guerra contra Iraq sienten que fueron usados como simples pistoleros para asaltar a un país soberano.

Mientras en la Casa Blanca tipos como esos se jugaban la vida de millones de árabes musulmanes de aquel país, abajo en el llano de los simples mandaderos de esos planes deberían ejecutar todo el trabajo sucio que cumpliera con los objetivos diseñados y determinados en oficinas de los burócratas de la capital.  Desde la infiltración a los asesinatos encubiertos hasta la promoción de rebeliones armadas usando a los kurdos del norte y a los chiitas seculares del sur, la CIA y sus colegas del Pentágono fueron algunos de los pasos previos a la intervención militar directa que se desataría n 2003.

El inicio de todo este asunto ya había sido mal parido en 1990, pero por aquel entonces EEUU había logrado escalar a la cumbre del poder  global tras ver como se desmoronaba a pedazos la URSS y con ello sin oposición para hacer lo que quisiera.

Cualquiera con un poco de cerebro podría haberse dado cuenta que lo ocurrido en 1990 con Kuwait tenía un extraño olor a rancio. Si había una característica en Saddam Hussein era su astucia y nadie podría decir que aquel mandatario era un tonto. Cuando se vio todo ese asunto del supuesto robo de petróleo que estaban haciendo desde el reino de Kuwait sobre los campos del sur de Iraq en Rumaillah, al mismo Hussein le llamo la atención que ello pudiera ser cierto e incluso, que los kuwaitíes pudieran hacerlo sin temor a represalias. No olvidemos que  este “dato” llego a los oídos de Hussein por  informes provistos por sus entonces “amigos de la CIA”. Pero estos intersticios estaban ocultos al conocimiento público de entonces y eso fue fundamental para que Washington hiciera lo que termino haciendo.

Lo cierto y más allá de toda la intriga que rodeo esos acontecimientos, estaba claro que Washington tenía sus dedos metidos allí y de ese modo, cuando fue necesario sacrificó a sus propios funcionarios consulares con el famoso ida y vuelta entre la Casa Blanca y April Glaspie, que como un teléfono descompuesto, tras utilizarla para su doble juego en Bagdad acabaron con su carrera diplomática y condenada a guardar silencio hasta sus últimos días ( . http://pensamientoestraegico.blogspot.com.ar/2016/01/veteranos-de-ayer-las-causas-ocultas-de.html )

O si, en Washington se creía que sería fácil engañar a la opinión pública y aplastar a un gobierno árabe de un pequeño país de 437 mil kilómetros cuadrados, un poco más grande que la provincia de Buenos Aires en Argentina.  Pero el “juego de niños” que vaticinaban varios asesores de inteligencia y militares del Pentágono no fue tal y la campaña “Tormenta del Desierto” debió terminar en abril de 1991 no solo por los costos –materiales y humanos- que estaba llevando sino porque se pondría en marcha una segunda fase de agresión mediante un embargo acompañado de más fuego y muerte, con el cual los expertos de inteligencia especulaban que en breve “el pueblo se levantaría contra el dictador”.
Mustafa Barzani y Saddam Hussein

En realidad la CIA puso en marcha estos planes que de la mano de la propaganda de la CNN, fomentarían la idea de que los kurdos y los chiitas se habían levantado en masa y espontáneamente contra el “régimen”. 

Pero en realidad ello no fue así. La CIA venía tratando con los opositores políticos al partido “Baas” desde hacía al menos un año antes de la crisis con Kuwait. Sus principales contactos estaban con facciones kurdas de un viejo amigo de Tel Aviv y Washington Mustafa Barsani, influyente líder kurdo de los  entonces Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) y con las facciones chiitas del Partido “Dawa”  y el “SCIRI” que pese a estar ligado a Irán, no impidió que trabaran estrechos lazos con Washington.  Cada una de estas facciones poseía su propia tropa de combate y todos ellos reunidos debían lograr que el ejército nacional iraquí se alzara contra su líder en Bagdad.

Hay que destacar que, a contrario a lo que solía informar la CNN, las FFAA iraquíes tenían una composición heterogénea sin distinción entre chiitas, sunitas, cristianos e incluso kurdos.  No había ningún tipo de sectarismo como Washington comenzó a esbozar por ese entonces y que otros autores británicos trataron de argumentar desde editoriales de diarios conservadores y en varias obras literarias de la época. El supuesto descontento de las tropas iraquíes no era con Bagdad sino contra sus agresores  que habían matado a muchos civiles quedando los intentos de reclutar disidentes entre las unidades militares, como un fracaso absoluto.  Los militares árabes no son como los latinoamericanos o de África oriental; hay una mentalidad que va más allá del simple interés por una recompensa monetaria, esto último a cuento de las “fábulas” que los medios anglosajones solían documentar por medio de series, películas y algunos documentales.
Madeleine Albright

Esa revuelta que fue insuflada por la CIA terminaría en un fracaso absoluto no solo porque “Saddam los aplasto sin misericordia”  sino porque el pueblo le dio su apoyo irrestricto y eso fue una úlcera para los personeros en Washington.  Era la muestra que la abundante y prolífica propaganda que se lanzaba contra su persona y gobierno había fallado; allí estuvo la primera señal de que EEUU había subestimado a la población árabe y a su historia.  Parte de esa frustración se tradujo en trece años de un embargo implacable que le causaría a la población iraquí más de un millón de muertes entre ellos, los 500.000 niños, un aspecto de esa agresión que la ex secretario de estado Madeleine Albright  defendió sin vergüenza ( SALON.com.  https://www.salon.com/2016/05/11/college_protests_revive_accusations_against_war_criminal_madeleine_albright_who_defended_deaths_of_500000_iraqi_kids/)

Tras la invasión de 2003, EEUU creyó que podía  remover al gobierno de Bagdad, eliminar a Saddam Hussein, apagar el descontento y la oposición que se había granjeado durante una década y media de embargo insufrible. Sin dudas, una ambición desmedidamente mal calculada a la vista de los años. La invasión causó más perdidas para los EEUU que lo que reconocieron y los iraquíes les enseñarían que lucharían pero no como los norteamericanos esperaban. Algo que jamás los medios comentaron era que cuando los tanques rodaban por las calles de Bagdad, las mezquitas llamaban a la plegaria y a la resistencia algo que los norteamericanos quisieron callar disparándole a los minaretes. Cuando los “US marines” llegaron abriéndose paso en medio de un fuego de armas portátiles al palacio presidencial de Bagdad, no encontraron a Saddam ni a sus más importantes colaboradores.  Inmediatamente, comenzaron las acciones de la resistencia y su intensidad se fue incrementando con el paso del tiempo.

Debieron pasar varios meses hasta que Saddam seria capturado por tropas invasoras y sus colaboradores Peshmerga kurdos en un escondrijo en una zona rural de Tikrit. Erróneamente creyeron que capturado Saddam, la resistencia se terminaría; igualmente trataron de minimizarla ante los medios.
Paul Bremer y Petreaus en Bagdad

Tras su apresamiento en diciembre del 2003 y sometido a los “interrogatorios” por los expertos de la CIA, Saddam Hussein clamo con insistencia ante sus interrogadores que “fallarían en Iraq”  ya que, “no era fácil  gobernar Iraq”  y además, “no sabían el idioma, su historia y la mentalidad árabe”. Aquel sin perder su postura les vaticino que no lograrían controlar a Iraq sin importar cuánto hicieran para tratar de lograrlo. Así lo ha publicado últimamente uno de estos interrogadores en un artículo que pretende explicar, el por qué apareció el “ISIS” y el grave error que significó derrocar a Hussein y destruir a Iraq  ( TIME.com. http://time.com/4603831/donald-trump-saddam-hussein/)

Lo cierto es que pese a la ambigüedad de este articulo y de la poco creíble versión de este ex CIA quien no hay que olvidar estuvo en donde se torturo, desapareció y asesino a miles de otros iraquíes –tanto hombres como mujeres-, no surge real que ese pequeño detalle de haber removido a Saddam, la brutalidad de la ocupación  o de los actos de gobierno previos de la administración Clinton  hayan sido el disparador para la aparición del “Daesh” , eso es una mentira total. Las pruebas de la artificialidad de este grupo ha quedado ya comprobada durante estos dos años de su masiva aparición en el espectro informativo.  Lo cierto es que este engendro nació del programa de contrainsurgencia del general David Petreaus, que tras ser insertado en 2006  bajo el nombre “Islamic State of Iraq” (ISI) trato de crear interferencias en las operaciones de una resistencia iraquí que estaba causando serios daños a los norteamericanos y británicos, en especial la chiita cada vez más virulenta no solo con la presencia angloestadounidense sino incluso, con los colaboracionistas del partido Dawa.

Precisamente, la creación del “ISI” que los iraquíes llamaron  “Daesh”, fue  en última instancia, una táctica sucia, elaborada sobre la base de estudios antropológicos, psicológicos  y sociales  -sacados principalmente de las sesiones de torturas y violaciones de prisioneros-  y que se recopiló en un “Manual de Campo de Contrainsurgencia nº 3-24” (una vergüenza para los catedráticos de las Universidades que colaboraron para elaborarlo) , que imitaran  un comportamiento extremo regido por el Islam, muy seguramente destinada a conjurar la profecía de Saddam Hussein.





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