A POR BRASIL!
¿Cómo y por qué
Donald Trump buscará interferir en las elecciones brasileras de octubre
próximo?
Por Dany Smith
Se viven momentos cruciales en la geopolítica y particularmente la norteamericana bajo el liderazgo de Trump. La dinámica brutal que ha puesto a rodar apenas volvió a la Casa Blanca ya lo supera y ciertamente no necesita de su conducción personal. A estas alturas es posible que Trump se haya vuelto prescindible. Lo que Washington quiera en el hemisferio lo irá a buscar y lo tomará por la fuerza sin necesidad de narrativas como a las que durante las últimas décadas necesito de sus medios de desinformación.
En este marco,
vemos como ha estado concentrando sus esfuerzos sobre la región del Caribe y
con paulatinos avances hacia el sur para manipular elecciones, cambiar
gobiernos y de ser necesario secuestrar a sus mandatarios como vimos en
Venezuela y quizá muy pronto intenten algo similar con Cuba y Nicaragua.
El repliegue
estratégico que ha efectuado sobre el continente americano aparte de ser
consecuencia de los reveces en Asia Occidental y una costosa guerra en Ucrania,
es sin dudas parte de una geopolítica destinada a uniformar ideológicamente a
los gobiernos Latinoamericanos bajo los lineamientos de las próximas administraciones
en Washington y Trump ha puesto la piedra fundacional. No hay dudas que el
Establecimiento le ha encargado a Donald Trump poner en práctica esta
estrategia para tratar de solucionar el problema de sobredimensionamiento de la
política exterior que ha llegado a como reza el dicho popular “el que mucho
abarca poco aprieta”.
Pero más allá del
poder duro militar, esa “unificación” continental que es más bien una subalternidad
hacia la política norteamericana, tiene finalidades geocomerciales dirigidas a
controlar totalmente recursos altamente estratégicos y el mercado continental
con proyección global. En este plan, un capítulo central es correr a los chinos
del continente y apropiarse de sus inversiones que han estado haciendo en
infraestructura portuaria, de vías navegables y energéticas entre otras.
El ejemplo más
claro de esto justamente se ve en Venezuela, que tras la catástrofe sufrida
(muy conveniente, por cierto) ha sido literalmente ocupada por fuerzas
militares y de inteligencia de los más interesados en concretar estos planes.
Pero es Brasil el
gran objetivo para que Donald Trump y el establecimiento al que sirve (y en el
que Israel es parte), logren tomar el control total del continente desde el
Alaska hasta Tierra del Fuego. Precisamente, con el actual gobierno de Lula Da
Silva, las proyecciones que ya se imaginaban en La Casa Blanca se ven
entorpecidas y es por ello que ya vienen trabajando para que la ultraderecha
sionista que representa Flavio Bolsonaro logre llegar al poder.
Brasil es un nodo
imprescindible para el control total del continente y es allí la urgencia de
Trump por tratar de colocar un gobierno adicto y para ello tratará de manipular
las elecciones.
Las elecciones se
llevarán a cabo el 4 de octubre próximo, con lo cual y para Donald Trump y sus
socios el tiempo apremia. La contienda se halla polarizada entre el Partido de
los Trabajadores (PT) liderado por el actual presidente Da Silva y el líder el
Partido Liberal (PL) Flavio Bolsonaro con lo cual las chances de victoria
podrían ser cuestión de pequeñas diferencias. Para ello, las operaciones
psicológicas por medio de las redes sociales y los influencer se vuelven las
vías centrales por las cuales supuestas agencias de encuestas y medidores de
tendencias (de ex agentes de inteligencia israelíes) están trabajando a todo
vapor para generar tendencias Bolsonaristas.
Lula Da Silva
sigue siendo el referente de la izquierda moderada en la región mientras que
Bolsonaro es la aspiración de una nueva derecha mutante en Brasil.
Da Silva viene
acompañado de una parte de la izquierda local pero también de sectores del
centro que han visto en los últimos discursos del mandatario, un hombre
razonable y con sentido realista para el progreso realista de Brasil. Este giro
ha sido muy criticado y en Washington lo ven con mucha preocupación. Por otra
parte, Flavio Bolsonaro, hijo del ex mandatario Jair Bolsonaro representa a un
sector que se disfraza de liberalismo pero bajo cuya apariencia contiene un
núcleo ideológico externo como es el sionismo irradiado desde Israel. Estas
influencias potencian a la derecha tradicional transformándola en una
ultraderecha mesiánica y dependiente de la geopolítica de Tel Aviv. Es por ello
que recibe el apoyo incondicional de las grandes iglesias evangelistas
brasileñas muy embebidas con la teología del extremismo sionista.
Trump está
decidido a que Brasil caiga bajo la órbita de Washington DC pero también
Netanyahu y sus partidarios están detrás del mismo propósito. En esta relación
simbiótica entre Washington y Tel Aviv, los intereses norteamericanos e
israelíes se entrelazan muy íntimamente pero, hay algunos en específico, que
solamente atañen a Israel. Para que estos puedan penetrar, los apoyos de otros
títeres regionales como Javier Milei en Argentina, Rodrigo Paz en Bolivia y
Santiago Peña Palacios en Paraguay se vuelve importante aunque no definitivos
para esos propósitos.
Incluso esta (si
así podemos llamarlo) interrelación ideológica que combina este mal llamado
liberalismo-libertario con el sionismo (nacionalismo judío) cuenta con un
agente incondicional en la región como es Javier Milei quien públicamente se
autoproclamo el “presidente más sionista del mundo”, aunque ello le importe muy
poco a Netanyahu. Al mismo tiempo es muy considerado por Trump quien como él
mismo dijo, “gano las elecciones gracias a él”.
En resumen de
cuentas, hay una carrera por instaurar una nueva administración político-ideológica
en Brasil pero no para el beneficio de los brasileros, tal como lo pueden comprobar
con su vecino de las pampas del sur.
Los brasileros debieran tomar nota de esto y ver cuál es la actual situación social-económico-política de la Argentina con solo dos años de un gobierno bajo esta mutación altamente tóxica que Bolsonaro y sus partidarios representan y sin dudas van a tratar de instalar. Remarquemos que esta toxicidad política tendrá serias consecuencias para los intereses nacionales, la institucionalidad y la libertad. Milei literalmente le ha dado en bandeja de plata los últimos recursos estratégicos a ambos actores que no fueron entregados por sus predecesores. Veremos si en Brasil se repite la misma dinámica para luego Trump afirme “Bolsonaro ganó gracias a mi”.

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