domingo, 23 de agosto de 2026

 

GEOPOLITICA DE LA VIGILANCIA

¿Qué consecuencias podría traer para EEUU y para todo el continente la intención de privatizar la seguridad pública?

 

Por Dany Smith 

Los mismos que han ayudado a Israel cometer las masacres masivas en Gaza y toda la franja, los mismos que venden su tecnología para la guerra de exterminio y la vigilancia digital masiva, ahora trabajaran en conjunto para el Departamento de Estado norteamericano en la planificación de un proyecto que si bien lo venden ante la opinión pública “para mejorar la democracia”, tiene otro objetivo muy diferente.

Las corporaciones privadas PALANTIR y ANDURIL, convocadas por el Secretario de Estado Marco Rubio han unido sus intereses para llevar adelante una propuesta que combinara la vigilancia sistemática y la represión letal contra la disidencia ciudadana. Como bien se señala al inicio, no es muy difícil deducir quienes son los promotores de este desarrollo y sus finalidades últimas.  

Bajo el atractivo título de la “libertad de expresión digital”, los medios serviles al Establecimiento angloestadounidense tratan de explicar las razones de esta unión de trabajo aludiendo como siempre, a las amenazas provenientes de China -en quien ve un peligro en el desarrollo de IA y bitcoins- y Rusia -un competidor en el campo energético-, enemigos geopolíticos de Washington (y de ciertas ONG que siguen creyendo que existe el Comunismo) acusados de autoritarios y generar ataques informáticos y la difusión de noticias falsas que buscan perjudicar la imagen de EEUU. Para cualquiera que este mínimamente informado se dará cuenta que el único responsable de la ruina política estadounidense se halla dentro de su gobernanza en Washington DC.

Según se ha informado, cada una de estas corporaciones participara poniendo personal especializado bajo contrato del gobierno federal quienes adoptaran por un tiempo limitado, el estatus gubernamental. Dentro de este esquema se avocarán a la tarea de establecer herramientas informáticas más sofisticadas destinadas a la “libertad digital y la libertad de expresión” mediante desarrollos que establezcan eficiencia en ciberseguridad, tecnologías emergentes, la privacidad de los datos, la protección infantil en línea, la inteligencia artificial (IA), la política y gobernanza tecnológica, según dejo trascender una fuente anónima del Departamento de Estado.

Pero más allá de estos presuntos objetivos de interés público, no hay dudas que se esconde la necesidad imperiosa de estrechar el control a niveles individuales entre la población para frenar y de ser posible anular las narrativas alternas, filtraciones informativas inconvenientes y puntos de vista critico que han estado magullando la imagen y la credibilidad de los EEUU y del estado de Israel. Dentro de este marco estas corporaciones privadas van a acceder todos los bancos de datos sensibles, personales y biométricos de cada individuo con lo cual ampliarán aún más sus capacidades para el desarrollo de más eficaces herramientas tanto para la vigilancia como para la eliminación de sujetos, En una idea, se busca mejorar y sofisticar la cibervigilancia sobre la población.

Igualmente y pese al intento de colarlo como un desarrollo para la seguridad ciudadana, son muchos los estadounidenses de a pie y dentro del estado que no creen en estas nobles intenciones y ven en esto lo que señalamos antes. Y es que la incoherencia es tan notoria entre lo que se anuncia y los participantes de este proyecto que vuelve a los anuncios del gobierno como otra estratagema para amordazar las denuncias y los planteos masivos que ejercitan los ciudadanos tanto a nivel institucional como en manifestaciones callejeras.

Algunos funcionarios del FBI han expresado desde el anonimato su desconcierto ante esta convocatoria, en la cual dos corporaciones privadas que han estado bajo el escrutinio del Bureau de ahora en más, formarán parte de las políticas públicas de seguridad. Pero más allá de estos puntos de vista, no caben dudas que se trata de una medida claramente política y ordenada por el propio presidente Donald Trump quien parece estar reorganizando su círculo de tecnócratas informáticos con vistas a las elecciones de noviembre y muestra de ello es su reconciliación con Elon Musk.

Los estadounidenses no se olvidan de la era Bush-Cheney donde bajo la legislación Patriota, se comenzó -y continua al presente- a invadir la intimidad de todos los ciudadanos bajo la excusa del terrorismo islámico y de los inflados peligros de un nuevo ataque como el del 9/11. Aquello represento un mega negocio y fue la fuente de multimillonarios presupuestos gubernamentales para sostener la farsa de la “lucha contra el terrorismo global” que requería la creación de un enemigo fantasmagórico (Al Qaeda) para justificar las carísimas intervenciones militares contra los países árabes-islámicas. Bajo esa legislación se crearon más de una docena de agencias de inteligencia destinadas a esos propósitos uniéndose así a las ya existentes como el FBI o la misma NSA, tal como lo denuncio el ex agente Eduard Snowden encargada de intervenir, escuchar y escudriñar las comunicaciones de todos.  

Este emprendimiento debería despertar la atención del resto de las sociedades en el continente, en especial en el sur donde proliferan los gobiernos alineados a la política de Trump toman todo, por seguidismo o por imposición esta clase de elaboraciones que disfrazadas de políticas legales y para la protección están destinadas a todo lo contrario.  

 

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