sábado, 20 de junio de 2026

 

PRISIONEROS DE CONSCIENCIA

¿Cuáles son las señales de una crisis en la justicia global?


Por Dany Smith

Se suponía que los monstruos que pisotean los derechos y la dignidad humana se hallaban en esos regímenes oscuros y militarizados a los que Hollywood tanto se empeñó y durante el siglo pasado en recrear con sus espectaculares películas sobre dictadores latinos, malvados revolucionarios, yihadistas locos y totalitarismos orientales. En realidad, esos monstruos siempre estuvieron el sótano de las grandes democracias angloestadounidenses y hoy para la sorpresa de los incautos ya acechan a sus propios habitantes.

Hace mucho tiempo que el brillo de esas democracias se ha opacado por la pegajosa y sucia corrupción de sus sistemas políticos convirtiéndose en grandes organizaciones lucrativas compuestas por sujetos y grupos coludidos para llevar adelante negocios -de la más variada especie- para beneficio propio. En este contexto no hay lugar para los hombres y mujeres conscientes…ellos molestan.

Estos son los casos del abogado alemán Reiner Fuellmich y el médico palestino Hussam Abu Safiya, prisioneros en circunstancias particulares de dos sistemas judiciales y en entidades nacionales diferentes pero a su vez, sistemas intima e ideológicamente ligados por su desprecio (desde sus visiones) a lo no puro y un despótico celo por aplastar a quienes les puedan exponer ante los demás.

El caso del Dr. Fuellmich se ubica en Alemania, quien tras haber tenido la osadía de investigar los negociados que han hecho las farmacéuticas con la farsa de la pandemia de 2019 y sus vacunas en grado de experimentación, hoy paga en una celda mugrienta de la prisión de “JVA Bremervörde” por su vocación por la verdad. Sin dudas que el trabajo de este abogado fue descollante y puso muy nerviosos a los intereses del establecimiento farmacéutico de occidente entre los que se hallan los laboratorios suizo-británicos de Astrazeneca, la estadounidense Pfizer y otros intereses sucios muy ligados a los desarrollos pestilentes digitados por agencias de inteligencia (DIA, CIA, Mossad) en los laboratorios en Ucrania y África. Su error fue presentarlo ante los estrados de la justicia occidental quienes inmediatamente se mostraron muy inquietos, no por lo que ello revelaba sino porque él lo exponía con lujo de detalles.

Como premio a su espíritu por revelar la verdad de todo aquello (que los medios no harán), fue inhabilitado, desacreditado ante el público y tan pronto como pudieron, se deshicieron de él usando el sistema presidiario alemán.

Fue así que el Dr. Fuellmich en vez de hallar una justicia proactiva y decidida a tomar cartas en el asunto con la mafia que jugo con la salud pública de las personas, se topó con un muro gélido, demostrativo de un polo corrupto y servil a los poderes que estaba denunciando y como consecuencia de ello, (a través de malas artes) le montaron una encerrona para desacreditarle y tras armarle una causa penal, enviarlo a prisión como un criminal.

Otro caso emblemático de lo que es una administración de justicia anómala y políticamente contaminada lo vemos en la Palestina ocupada.

El caso del médico palestino Hussam Abu Safiya es otro de los incontables casos de abusos criminales que lleva cometiendo el estado de Israel contra toda la población árabe-palestina y libanesa. Capturado en Gaza durante los ataques israelíes contra los hospitales y campamentos allá por diciembre del 2024, estuvo desaparecido por un mes sin que las vocerías de las FDI informaran sobre su paradero.

Safiya era director del hospital “Kamal Adwal” en el norte de Gaza y la última vez que se lo vio con su delantal blanco fue cuando salió indignado a buscar a los responsables de las FDI que habían asaltado las instalaciones realizando toda clase de ataques contra el personal, vandalizado el equipamiento y causado daño contra el nosocomio. Su reaparición ante la suprema corte israelí con claros signos de debilidad y maltrato lo explica todo.

Las fuentes palestinas y especialmente de la resistencia ya sabían que había sido capturado y salvajemente golpeado por las tropas israelíes para luego trasladarlo encapuchado a un campo de detención donde siguió siendo torturado.

Safiya se haya en una verdadera trampa. Prisionero de un estado agresor y ocupante, se ve obligado a pasar por la “administración de justicia” de aquel (herramienta de opresión) lo que en derecho representa una incongruencia legal y una ausencia de legitimidad cósmica claramente violatoria de todos los principios y garantías del debido proceso que hace palidecer a los desaparecidos tribunales del Apartheid sudafricano, los tribunales populares del Soviet en la URSS o a los tribunales del Pueblo (Volksgerichtshof) del Tercer Reich. 

Hace ya dos meses que unos 400 voluntarios humanitarios de varias nacionalidades de la flotilla a la Franja de Gaza fueron interceptados, abordados, detenidos y trasladados a las cárceles israelíes donde permanecerían hasta finales del mes de mayo para su deportación. Desde el inicio y durante su estancia fueron sometidos a la violencia y a toda clase de abusos incluso por parte de las propias autoridades políticas del estado.

Al presente los ciudadanos argentinos María Paula Giménez y Lucas Ezequiel Aguilera permanecen -sin orden judicial conocida- detenidos en un presidio en el este de Libia, tras haber sido interceptados por las fuerzas colaboracionistas de la OTAN y de Israel lideradas por Halifa Haftar (un viejo activo de la CIA) cuando se hallaban en tránsito de camino a Egipto. La situación de estos voluntarios es extremadamente peligrosa máxime si consideramos la violencia explícitamente demostrada por los israelíes. Conducido por una coalición de grupos terroristas y criminales (vinculados con la CIA, la Mukhabarat egipcia y la inteligencia militar israelí), el régimen de Haftar ha demostrado con extensos antecedentes de violaciones a los derechos humanos de los propios libios, no existen las más mínimas garantías para la integridad de cada uno de estos voluntarios. No hay conocimiento o no se han informado de tratativas del consulado argentino con los captores.

La actual situación en Libia tras el derrocamiento y magnicidio de Mohammar Al Gadafi en 2011 es de inestabilidad y división permanente convertida en un territorio sin ley y al mismo tiempo otro nodo bajo el control de la influencia occidental y de Israel. 

Como vemos en estos casos, la consciencia de personas que trataron de hacer su trabajo bien y para la utilidad de otros, cuando se topan con los poderes oscuros que rigen una parte del globo la justicia estará ausente o como también lo vemos, solo es una farsa.

 

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