miércoles, 24 de junio de 2026

 

UN ACUERDO PARA EL DESACUERDO

¿Por qué posible firma del acuerdo definitivo entre Teherán y Washington nacería muerto?

 

 

Por Charles H. Slim 

La aparente formalización de un acuerdo entre Washington y Teherán para finalizar las hostilidades y normalizar la navegación por el estrecho de Ormuz sería una esperanza para la paz global, pero también representará una victoria en toda la regla para los iraníes y al mismo tiempo una frustración para Tel Aviv y sus partidarios en occidente (incluidos EEUU). No paso mucho para que tras conocerse un principio de acuerdo Israel bombardeara bestialmente el sur del Líbano y Beirut.

Esta movida sangrienta era esperable y aunque Teherán dejo bien claro que el alto al fuego debe abarcar todos los frentes (incluido el Líbano), queda claro que no dudará en volver a golpear a la entidad sionista si no detiene su agresión contra los libaneses.

A estas alturas la funcionalidad de Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad -una vez más- brillan por su inoperancia.

Si apartamos a Israel del esquema el memorando de entendimiento podría llegar a entrar en vigencia si ambas partes logran superar la desconfianza. Las posibilidades son viables sin la maliciosa interferencia israelí. Incluso para el vice JD Vance es una expectativa positiva pero, para otros dentro de su propia administración es una calamidad y es dentro de este sector donde se halla el peligro. Es más que sabido que dentro de EEUU la influencia del lobbie pro-Israel es tan o más poderoso que el propio gobierno. En un sondeo sobre la opinión pública estadounidense el porcentaje a favor de una finalización de la guerra supera ampliamente a quienes les gustaría continuarla. La razón principal de ello es que los efectos sobre la economía del país están siendo catastróficos para el ciudadano promedio y en La Casa Blanca están al tanto que ello tendrá efecto sobre las elecciones en noviembre.

Siguiendo con el tema de la desconfianza dentro de lado estadounidense, las mediciones no pasan por la cantidad sino por la entidad de quienes se oponen a la paz. El estado profundo es un campo de batalla entre los funcionarios leales a la Constitución y los leales al estado de Israel, una batalla que se extiende especialmente puertas adentro de las agencias federales y sube al pináculo del poder en Washington. Dentro del propio gobierno y del poder ejecutivo, los principales opositores son el Secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de la Guerra Pete Hegseth y el director de la CIA John Radcliffe (entre otros), quienes tras sus ya conocidas posturas antiraníes esconden su lealtad a Israel.

Precisamente quien más desilusionado está es Bibi Netanyahu, su secta de psicópatas talmúdicos y todos sus partidarios (dentro y fuera de Israel) quienes sueñan con destruir a la república Islámica de Irán no solo por su acendrado odio contra los iraníes propiamente dichos sino, porque son musulmanes que han estado apoyando a los palestinos de manera incondicional. Es por ello que sus extensiones como el New York Times y otros medios de notoria editorial pro-sionista han responsabilizado a Trump de una derrota humillante.

No se debe dejar de lado la motivación islamófoba de estos sectores quienes ya acumulan en sus prontuarios de crímenes de guerra y lesa humanidad el millón y medio de iraquíes asesinados, los miles de afganos, yemeníes y claro, contra el Líbano y el peso del horroroso genocidio que aún continua contra los palestinos en la franja de Gaza recordando sobre esto último, que Irán ha sido el único estado de la región en hacer algo por los palestinos. Así mismo y tras la demostración de las capacidades de las que disponen los iraníes, la sola idea de un salto a una capacidad nuclear plena, les quita el sueño ya que Israel perdería su hegemonía del terror nuclear -con su propio arsenal- para imponerse en toda la región.

Por su parte, Irán tiene muchos motivos históricos para desconfiar de EEUU. En un brevísimo resumen esto se justifica con eventos que van desde el derrocamiento de Mossadeg en 1953 pasando por el abandono del JCPOA en 2017 (si hablar de las acciones subversivas y terroristas de la CIA y el Mossad) hasta el artero ataque del 28 de febrero último sería suficiente argumento para que Teherán no solo no confiara en EEUU. Quien mejor expresa los fundamentos iraníes es el profesor Mohammad Marandi poniendo al “excepcionalismo” norteamericano como uno de los elementos que conspiran para creerles y que se potencia con el venenoso ingrediente sionista.

Pero quienes más conspiran en todo esto son los israelíes y sus extensiones sionistas en Washington y en todo el hemisferio occidental. Las masacres que las FDI cometieron sobre el Líbano inmediatamente de anunciado el acuerdo pone en contexto con quienes estamos tratando. Para Netanyahu y el 90% de los israelíes que apoyan esto, la muerte, el genocidio y la limpieza étnica es una política legitima. Pese a ello, la resistencia del movimiento Hesbollah les ha frenado en sus intentonas por afianzarlas y eso enfurece a Tel Aviv. Seguido a esto, los intentos de crear un escenario favorable ante la opinión pública mediante una guerra de mapas, no han logrado los efectos psicológicos que buscan con esas maniobras. A su vez y tras los duros reveces militares infringidos por Hesbollah a las FDI, las declaraciones de Trump amenazando a Irán (entre otras) de un ataque de mayor dureza por su apoyo al Líbano, empeoro la situación.  

Fue por ello que el 21 de junio la delegación iraní bajo denominación “Minab 168” abandono las conversaciones en Suiza en protesta por semejante exabrupto (y por un peligro para la integridad física de sus miembros) y para dejar bien claro que el Líbano, no solo es parte del acuerdo sino, una parte inescindible de la república Islámica de Irán y de ser necesario los CGRI echarán a patadas a las FDI del Líbano. Por lo visto el 22 de junio y con la llegada de la delegación estadounidense encabezada por JD Vance, las negociaciones parecen (al menos por el momento) haberse remontado y solo el tiempo nos dirá si progresarán.

 

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