UN ACUERDO PARA EL
DESACUERDO
¿Por qué posible
firma del acuerdo definitivo entre Teherán y Washington nacería muerto?
Por Charles H. Slim
La aparente
formalización de un acuerdo entre Washington y Teherán para finalizar las
hostilidades y normalizar la navegación por el estrecho de Ormuz sería una
esperanza para la paz global, pero también representará una victoria en toda la
regla para los iraníes y al mismo tiempo una frustración para Tel Aviv y sus
partidarios en occidente (incluidos EEUU). No paso mucho para que tras
conocerse un principio de acuerdo Israel bombardeara bestialmente el sur del
Líbano y Beirut.
Esta movida
sangrienta era esperable y aunque Teherán dejo bien claro que el alto al fuego
debe abarcar todos los frentes (incluido el Líbano), queda claro que no dudará
en volver a golpear a la entidad sionista si no detiene su agresión contra los
libaneses.
A estas alturas la
funcionalidad de Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad -una vez más-
brillan por su inoperancia.
Si apartamos a
Israel del esquema el memorando de entendimiento podría llegar a entrar en
vigencia si ambas partes logran superar la desconfianza. Las posibilidades son
viables sin la maliciosa interferencia israelí. Incluso para el vice JD Vance
es una expectativa positiva pero, para otros dentro de su propia administración
es una calamidad y es dentro de este sector donde se halla el peligro. Es más
que sabido que dentro de EEUU la influencia del lobbie pro-Israel es tan o más
poderoso que el propio gobierno. En un sondeo sobre la opinión pública
estadounidense el porcentaje a favor de una finalización de la guerra supera
ampliamente a quienes les gustaría continuarla. La razón principal de ello es
que los efectos sobre la economía del país están siendo catastróficos para el
ciudadano promedio y en La Casa Blanca están al tanto que ello tendrá efecto
sobre las elecciones en noviembre.
Siguiendo con el
tema de la desconfianza dentro de lado estadounidense, las mediciones no pasan
por la cantidad sino por la entidad de quienes se oponen a la paz. El estado
profundo es un campo de batalla entre los funcionarios leales a la Constitución
y los leales al estado de Israel, una batalla que se extiende especialmente
puertas adentro de las agencias federales y sube al pináculo del poder en
Washington. Dentro del propio gobierno y del poder ejecutivo, los principales
opositores son el Secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de la Guerra
Pete Hegseth y el director de la CIA John Radcliffe (entre otros), quienes tras
sus ya conocidas posturas antiraníes esconden su lealtad a Israel.
Precisamente quien
más desilusionado está es Bibi Netanyahu, su secta de psicópatas talmúdicos y
todos sus partidarios (dentro y fuera de Israel) quienes sueñan con destruir a
la república Islámica de Irán no solo por su acendrado odio contra los iraníes
propiamente dichos sino, porque son musulmanes que han estado apoyando a los
palestinos de manera incondicional. Es por ello que sus extensiones como el New
York Times y otros medios de notoria editorial pro-sionista han
responsabilizado a Trump de una derrota humillante.
No se debe dejar
de lado la motivación islamófoba de estos sectores quienes ya acumulan en sus
prontuarios de crímenes de guerra y lesa humanidad el millón y medio de
iraquíes asesinados, los miles de afganos, yemeníes y claro, contra el Líbano y
el peso del horroroso genocidio que aún continua contra los palestinos en la
franja de Gaza recordando sobre esto último, que Irán ha sido el único estado
de la región en hacer algo por los palestinos. Así mismo y tras la demostración
de las capacidades de las que disponen los iraníes, la sola idea de un salto a
una capacidad nuclear plena, les quita el sueño ya que Israel perdería su
hegemonía del terror nuclear -con su propio arsenal- para imponerse en
toda la región.
Por su parte, Irán
tiene muchos motivos históricos para desconfiar de EEUU. En un brevísimo
resumen esto se justifica con eventos que van desde el derrocamiento de
Mossadeg en 1953 pasando por el abandono del JCPOA en 2017 (si hablar de las
acciones subversivas y terroristas de la CIA y el Mossad) hasta el artero
ataque del 28 de febrero último sería suficiente argumento para que Teherán no
solo no confiara en EEUU. Quien mejor expresa los fundamentos iraníes es el
profesor Mohammad Marandi poniendo al “excepcionalismo” norteamericano como uno
de los elementos que conspiran para creerles y que se potencia con el venenoso ingrediente
sionista.
Pero quienes más
conspiran en todo esto son los israelíes y sus extensiones sionistas en
Washington y en todo el hemisferio occidental. Las masacres que las FDI
cometieron sobre el Líbano inmediatamente de anunciado el acuerdo pone en
contexto con quienes estamos tratando. Para Netanyahu y el 90% de los israelíes
que apoyan esto, la muerte, el genocidio y la limpieza étnica es una política
legitima. Pese a ello, la resistencia del movimiento Hesbollah les ha frenado
en sus intentonas por afianzarlas y eso enfurece a Tel Aviv. Seguido a esto,
los intentos de crear un escenario favorable ante la opinión pública mediante
una guerra de mapas, no han logrado los efectos psicológicos que buscan con
esas maniobras. A su vez y tras los duros reveces militares infringidos por
Hesbollah a las FDI, las declaraciones de Trump amenazando a Irán (entre otras)
de un ataque de mayor dureza por su apoyo al Líbano, empeoro la situación.
Fue por ello que
el 21 de junio la delegación iraní bajo denominación “Minab 168” abandono las
conversaciones en Suiza en protesta por semejante exabrupto (y por un peligro
para la integridad física de sus miembros) y para dejar bien claro que el
Líbano, no solo es parte del acuerdo sino, una parte inescindible de la
república Islámica de Irán y de ser necesario los CGRI echarán a patadas a las
FDI del Líbano. Por lo visto el 22 de junio y con la llegada de la delegación
estadounidense encabezada por JD Vance, las negociaciones parecen (al menos por
el momento) haberse remontado y solo el tiempo nos dirá si progresarán.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario