martes, 28 de julio de 2026

 

ARABIA NUCLEAR II

¿Por qué el presidente norteamericano Donald Trump estaría considerando proveer de reactores nucleares a Arabia Saudita?

 

Por Charles H. Slim

El título no es un error. La intención de facilitarle el acceso a la energía nuclear al reino saudita no es algo nuevo y lo más interesante es quiénes lo harían. Durante la administración demócrata de Barack Obama, se puso en marcha un proyecto para que Arabia Saudita pudiera acceder a reactores nucleares no solo para el uso civil sino también, para enriquecer uranio y obtener plutonio para poder elaborar ojivas nucleares.  Esto viene a cuento sobre una negociación que Donald Trump estaría impulsando para que aquello sea una realidad.

En aquel momento, la decisión de Obama causó un revuelo en todo el arco de los neoconservadores pero en especial en los influyentes sectores pro-israelies de Washington quienes en algunos casos deseaban eliminar a Obama de la fas de la tierra. Incluso estos últimos por intermedio de AIPAC, establecieron una agenda muy apretada y de constante comunicación con Tel Aviv con la finalidad de boicotear esa posibilidad. Pese a que la política exterior con la Secretaria de Estado Hillary Clinton a la cabeza estaba ayudando a los intereses israelíes, la idea de que un estado árabe (sin importar que fueran los insulsos sauditas) tuvieran acceso a esa capacidad simplemente era y sigue siendo inaceptable.

Esa posición no ha cambiado. Incluso el supuesto condicionamiento puesto por Trump de que Riad se adhiera a ese pacto contra natura denominado “Abraham” si desea acceder a la capacidad nuclear, no parece convencer al núcleo sionista dentro de su propia administración. Pero quienes son más determinantes en la negativa son sus amos en Tel Aviv quienes están decididos a cumplir con su plan mesiánico del “Eretz Israel”. Y es que los sionistas revisionistas que sustentan al actual gobierno de Netanyahu y tienden sus tentáculos sobre todo el hemisferio, no van a permitir que ningún país árabe islámico logre su cometido. Con esto en vista, alimentar la continuidad de la guerra que se está librando contra Irán (con todas las consecuencias que ello conlleva) se vuelve muy conveniente para Israel. Y es que el sueño de la destrucción mutua entre los árabes del golfo y los persas podría hacerse real si profundizan la hostilidad.

Al parecer el circulo inmediato que asesora a Trump y eso involucra entre otros a Pete Hegseth, ya está demostrando la poca fiabilidad en lo que pudo haber evaluado en los pro y los contra sobre tomar una determinación como la de nuclearizar la península arábiga. No olvidemos que fue este mismo funcionario quien ya hace meses aseguró que Irán había sido derrotado y que no contaba con ninguna capacidad misilistica. Los hechos demostraron y siguen demostrando que la realidad es muy diferente; tal vez la mejor prueba de ello sean los once aviones y helicópteros estadounidenses en solo dos semanas.

Justamente y en cuanto al secretario Hegseth tras su presencia el 21 de julio pasado ante el senado, sus respuestas no solo reafirmaron su incompetencia sino también demostró ante cada pregunta ser un acérrimo mentiroso como cualidad más destacada.

No hay dudas que la propuesta de Trump y su gente es una medida desesperada para tratar de balancear el poder contra la república Islámica de Irán y al mismo tiempo, convertir al reino saudita en un comodín de Tel Aviv y muy posiblemente, una plataforma nuclear que amenazaría a todo el resto del mundo islámico en especial, contra Pakistán.

Esto último plantea (en apariencias) una contradicción ya que, recordemos, Riad e Islamabad habían estado en tratativas para una cooperación en ese campo. Si la condición para acceder al desarrollo nuclear es reconocer a Israel y hacer la vista gorda a todos sus crímenes en Palestina, no hay dudas que eso no concuerda con la política del gobierno pakistaní. Además, la inteligencia pakistaní (ISI) estrechamente vinculada a la CIA ha, estado siempre atenta a los intentos del Mossad por tratar de colarse dentro de su programa de armas nucleares contando para ello con la cooperación de la India de Narendra Modi muy cercana a los sionistas.

El 17 de septiembre de 2025 Arabia Saudita y Pakistán habían llegado a un acuerdo de cooperación denominado Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua para establecer puentes en cooperación militar tras las primeras agresiones israelíes contra Irán que se conocen como la “guerra del Ramadán”. Sin dudas que si Mohamed Bin Salman (MBS), su Mukhabarat Al Aamajt y su estado mayor aceptan la propuesta de Trump y Cía estaría poniendo en riesgo la vigencia del acuerdo con Islamabad que para como están actualmente las cosas, no sería una medida inteligente.

Por otra parte, el gobierno saudita debería ponderar varios puntos en lo que hace a su relación con EEUU y que el actual conflicto ha puesto al descubierto: El primero de ellos, el fracaso en la prometida defensa que la presencia estadounidense aparentemente garantizaba. Segundo, la evidente falta de consideración para que Riad pudiera dar sus puntos de vista antes de que Washington y sus socios israelíes comenzaran con esta guerra. Estos puntos les caben a todos los regímenes del golfo quienes han pagado con su infraestructura crítica y la integridad de sus ciudadanos por la decidida de un presidente estadounidense claramente desbocado.

Es posible que los emires y jeques hayan caído en el desconsuelo al ver que quienes decían iban a protegerles hoy ven como arden sus bases y muchos de sus aviones y equipos en medio de los escombros y los hierros retorcidos. Claramente las cosas han cambiado mucho desde 1990 cuando les abrieron las puertas a los marines para proteger los campos petroleros de una posible incursión de las fuerzas de Saddam Hussein.  Sin dudas “Allah” no les guiñara el ojo para salvarles el culo. Muy diferente con la población, los ciudadanos de a pie y los beduinos nómadas que siguen viviendo en el desierto, quienes muchos de ellos cuando vieron venir los misiles iraníes se mostraron entusiasmados por lo que les esperaba a los infieles estadounidenses.

En conclusión, la posibilidad de que Trump permita la construcción de reactores estadounidenses en las arenas sauditas se ve poco factible, mucho más como va escalando la situación en el golfo. En alguna medida podría tratarse tan solo de otro de los cuentos de Trump buscando un efecto mediático o alguna especie advertencia para Teherán. Como sea, a nadie le importa ya que carece de toda credibilidad.

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