jueves, 29 de octubre de 2026

 

BOLSONARO COMING HOME

¿Cómo se explica el escándalo de la fuga de Bolsonaro? Cuando la democracia es papel mojado


Por Javier B. Dal 

Se dice que soldado que huye sirve para otra guerra. Esto es lo que los partidarios de Bolsonaro a los dos lados del Río de La Plata claman en voz baja tras la huida despavorida de su candidato fracasado. El mejor calificativo para esto lo puso el propio Lula al decir que “era una vergüenza”. Pero quizá lo más escandaloso de esto sea, quiénes propiciaron este escape el cual, sin dudas, fue muy bien planificado.

Seguir sosteniendo la mentira de que “EEUU respeta la soberanía política” o que “no interviene en los asuntos de otros estados” ya no causa risa y mucho menos después de lo que vimos en Venezuela. EEUU ha blanqueado lo que siempre ha criticado: El fin justifica los medios. Aunque esto último ya no es ningún secreto (y mucho menos si miramos al Medio Oriente), la novedad se vio con la inesperada colaboración de un arribista regional como es el actual gobierno argentino.

Tan pronto se anunció el triunfo de Lula Da Silva y apenas 48 horas después el candidato liberal Flavio Bolsonaro, quien era el representante de la oposición y junto a su familia huyo como si le quemaran los pies cruzando la frontera al lado argentino para abordar un avión en Puerto Iguazú desde donde huiría rumbo a Miami, haciendo una ruta elíptica e irregular que evadiera el control aéreo brasilero.

No hizo falta encubrir nada. El propio agregado del Departamento de Estado en Buenos Aires (que responde a Marco rubio) y el mismo presidente del Americas Council, Simón Levy, se jacto de “la operación” y de la cooperación del gobierno argentino. Como dice el refrán “a confesión de parte, relevo de pruebas” y aunque esto no les interesa a los estadounidenses, no es lo mismo para los argentinos y en ese plan, el circulo pro-estadounidense puso manos a la obra.

Inmediatamente comenzaron a operar los medios y sus editorialistas de costumbre para lavar la cara al asunto demostrando su total y acostumbrada falta de neutralidad. Desde justificaciones como “la policía brasilera fue la negligente”, “la acostumbrada falta de controles” y hasta el mentado miedo por supuestas amenazas de Lula a Bolsonaro que algunos de estos editorialistas de Buenos Aires inflan con mucha enjundia, han estado poblando los medios argentinos.

Quizá la más descabellada y sin sentido de esas explicaciones provino del jefe de gabinete de ministros Diego Santilli quien justificó la entrada de Bolsonaro y su familia a territorio argentino como un simple trámite. Por supuesto se negó a confirmar la participación de su gobierno en una operación de apoyo ordenada por el Departamento de estado norteamericano.

Tal como ya se confirmó, la operación había sido planificada y ordenada por el propio Marco Rubio dejando todo lo que tuvo que ver con su ejecución a las redes de la CIA -e Israel- y sus contactos que (como Cerimedo) y operan tanto en Brasil como Argentina. Precisamente y tampoco ha sido un secreto, el involucramiento de personal de inteligencia de la SIDE argentina y de uno de sus destacados funcionarios (como es Santiago Caputo) en la recepción de Bolsonaro y su familia con dos vehículos que esperaron desde el día anterior en las inmediaciones de la pista de Puerto Iguazú.

A partir de esto se puede intuir que las directivas partieron desde Washington con bastante antelación y apegadas a un plan previamente trazado. Bolsonaro no se preparó un bolso y le dijo a su mujer e hijas que se irían en 48 horas. Tampoco que Marco Rubio apenas se conocieron los resultados adversos, levanto el teléfono y llamo a la Casa Rosada para pedirle a Milei movilizar un avión privado. Nada de eso. Este plan ya estaba previsto incluso antes de las elecciones ya que Trump no iba a dejar cabos sueltos.

Tanto en La Casa Blanca como en el Departamento de Estado, la derrota de Bolsonaro implicaría investigaciones sobre los fondos con los cuales financió su campaña y ello les iba a llevar directamente a ellos. Sacarlo de allí era imperioso y para ello usarían a los servicios de inteligencia argentinos quienes se encargaron de fletar el Gulfstream G400 y su tripulación para aguardar con un día de antelación en el aeropuerto internacional de Puerto Iguazú y desde allí partir a Miami.

La elección no fue casual ni al azar. Además de la muy estrecha relación entre la administración de Trump con el gobierno de los hermanos Milei (signada por la dependencia financiera), el mejor lugar geográfico para concretar con éxito esta operación de escape no era otro que el territorio argentino. La ubicación de Puerto Iguazú, limítrofe con el Brasil era el mejor punto septentrional y próximo al corredor aéreo sobre jurisdicciones “amistosas” (de Paraguay, Bolivia y Perú) y volar sobre el pacífico para evadir los radares militares brasileros que de haber detectado el avión, habrían sido interceptados en el aire por los cazas de la fuerza aérea “do Brasil”.

De este hecho se desprenden dos conclusiones muy interesantes a tener en cuenta. Primero, la injerencia estadounidense montando este operativo para burlar la acción judicial de un país soberano como el Brasil no solo es notoriamente desafortunado sino, ilegal.

La segunda conclusión que se desprende es, el papel de Argentina o mejor digamos, de su gobierno subalterno quien jugo el lamentable papel de otras épocas, de hacer el trabajo sucio para agradar a Washington. Si bien los predecesores en las décadas pasadas solo han moderado este grado de subalternidad, lo demostrado por la gestión de Milei y con respecto a este episodio, ya va más allá de aquella tibieza con la cual peronistas y liberales del PRO han hecho gala. Por lo pronto la justicia federal ya esta trabajando para que…la sangre no llegue al río.

 

    

 

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